CARTA
LO QUE UN OBISPO PUEDE OFRECER
Apenas he tomado de posesión de la sede episcopal de Almería, mis primeras palabras son de agradecimiento para cuantos me han querido acompañar en tan importante circunstancia. Quiero manifestar mi total disposición para servir a todos y ser amigo de todos. Sé que nada se aprecia tanto como la mano tendida y el corazón abierto. Ambas cosas quisiera ofrecer a todos los almerienses. Agradezco a las autoridades, a las instituciones y al pueblo de Almería su generosa hospitalidad y su cálida acogida. He recordado las palabras de Jesús a sus discípulos: "Quien a vosotros recibe a mi me recibe; y el que me recibe a mí, recibe Aquel que me ha enviado" (Mt 10,40).
Como dije en la que ha sido mi primera homilía en la diócesis, en mí no busquéis más que al discípulo y apóstol de Jesucristo. Con esa identidad estaré al servicio de todos con aquello que me es posible ofrecer: una visión del hombre y de la sociedad como resultado de una manera de interpretar la vida humana a la luz del misterio de Dios, tal como se ha revelado en Jesús: en su evangelio y en su propia persona. No es una visión del mundo desconocida porque ha inspirado la historia de nuestro pueblo, igual que la historia de los pueblos de Europa y se ha expandido hacia las cuatro direcciones del planeta. La visión cristiana del mundo está en la raíz de la moderna concepción de la persona como sujeto de derechos inalienables.
La causa de Dios no es distinta de la causa del hombre, si creemos que, en efecto, Dios es el creador del hombre. Para el que tiene fe esto significa que no hay verdadera causa del hombre al margen de Dios y, por eso, el creyente no puede separar la causa del hombre de la causa de Dios. Los creyentes hemos de decir consecuentemente que la religión es el principal factor humanizador de la vida.
Es verdad que la ciencia y la técnica han contribuido de modo decisivo al desarrollo de la humanidad y han de hacerlo aún mucho más en el futuro, pero por sí solas, sin la ética que modera su aplicación, ciencia y técnica resultan insuficientes para proporcionar al hombre la felicidad que, a veces desesperadamente, busca. Todos nos quejamos de la deshumanización de la vida, pero la devolución a la convivencia de los seres humanos de aquella pasión de humanidad que nos diferencia de las demás especies animales, resulta difícil sin la religión que inspira un modo de conducta moral que hace justicia a la identidad de todo lo humano.
Espero que mi contribución a la mejor convivencia de todos responda a esta fundamental oferta que un discípulo de Jesús puede hacer: referir el comportamiento de los seres humanos a la persona de Jesús, a su palabra y a su conducta. En ellas Dios se hizo de tal manera trasparente que quienes creen en él han podido llegar a la certeza de que la palabra y la conducta de Jesús corresponden al hombre que era la encarnación de Dios.
+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería |