CARTA
Tiempo de Cuaresma
La Cuaresma llega un año más como un aldabonazo en la conciencia de los fieles cristianos con el doble carácter que este tiempo fuerte reviste: de una parte, disponer a los creyentes para un más atenta escucha de la palabra de Dios y para la oración intensa; y de otra parte, acrecentar los sentimientos de penitencia y fraternidad dando cabida a la disponibilidad ante las necesidades del prójimo. Es así característica del tiempo cuaresmal la práctica de la oración, el ayuno y la limosna.
Hay que decir que por aquello de que en España hemos tenido bula, ha desaparecido casi por completo la práctica penitencial durante los viernes del año, no sólo porque los mismos centros educativos, asistenciales y sanitarios confesionales parecen haber hecho tabla rasa de la abstinencia, sino por el hecho, más grave, de que sean tantos los católicos que no tienen conciencia de la necesidad de sustituirla, si tal fuera el caso, por prácticas penitenciales alternativas, sobre todo, la oración y la generosa disposición a ayudar al prójimo y a compartir los bienes. Hasta han ido desapareciendo los cepillos penitenciales. Como en otra ocasión he dicho, comer de viernes está resultando hasta apetecible práctica culinaria. Pero como los viernes se han con vertido en “fin de semana”, resultan aptos para salir y cenar mejor que de ordinario, aunque se acabe durmiendo peor.
La penitencia queda así reducida supuestamente a la Cuaresma. Digo supuestamente, porque la preparación de la Semana Santa hace a veces saltar a muchos católicos sobre el carácter e identidad propia del tiempo santo cuaresmal. Por esta razón, es muy oportuno preguntar a cuantos han perdido la conciencia de la Cuaresma como tiempo penitencial, si están dispuestos a hacer oración y a suplicar con humildad luz de aquel que es “Padre de las luces” (Sant 1,17), para reconocer el propio pecado y para recibir de él fuerza suficiente para compartir los propios bienes con los necesitados.
Penitencia y oración con clara conciencia de que el hombre no sólo yerra, sino que, además de por la limitación de las capacidades humanas, yerra culpablemente, porque nubla su inteligencia y oscurece su entendimiento ofuscado por el interés egoísta que mueve sus acciones, todas ellas susceptibles de pervertirse. Si así no fuera, no habría amenaza de guerras, como tampoco habría explotación del hombre por el hombre, convertida las potencialidades del ser humano en mero objeto del instinto o del deseo, o en recursos de provechoso beneficio.
El Papa, por eso, al tiempo que llama a la observancia del espíritu y prácticas cuaresmales, recuerda las palabras de Jesús: “Hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hech, 20,35), recordando a todos que incluso, en una situación cultural descreída, la generosidad no deja de ser bendecida por Dios, convirtiéndose en causa de recompensa de vida eterna, pues el que asiste al necesitado, dice el Papa en su mensaje para la Cuaresma de este año, goza siempre de la benevolencia de Dios.
¿No podríamos intentar esta Cuaresma volvernos a Dios y prescindir de parte de lo nuestro para aliviar los sufrimientos de los más necesitados? Entra en Cuaresma quien está dispuesto a practicar la penitencia disciplinando la vida bajo el imperativo de la moral privada y pública que identifica a los discípulos de Cristo. Es decir, quien está dispuesto a dar a los demás parte de cuanto tiene, no sólo porque le sobre, sino porque libremente puede disponer de ello y compartirlo con los que han tenido menor fortuna.
+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería
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