CARTA
“Señor, ¿Qué quieres que haga?
Queridos diocesanos:
Con este lema la Iglesia lanza este año la campaña del Seminario. Venimos diciendo los Obispos que necesitamos más sacerdotes para atender pastoralmente al pueblo de Dios y para llevar adelante la evangelización de una sociedad cada vez más secularizada en las formas, aunque no tanto en el fondo. Me toca repetirlo un año más, pero lo hago con “matizaciones”. Para los que piensan que la Iglesia se extingue, les recuerdo que no es así. El Catolicismo crece en el mundo y se expande a un ritmo estadísticamente notable en los tradicionalmente llamados países de misión. En el viejo continente europeo las cosas han venido desarrollándose a la inversa, pero ha llegado un tiempo de pausa, de reconsideración tanto del origen como de la meta hacia la que va nuestra civilización alentada por una cultura que se quiere sea oficialmente agnóstica. Como si decretar este agnosticismo no fuera imperar un concepto confesional de la cultura, pero esto no me ocupa ahora.
Lo que me interesa decir con claridad es que de esa pausa están saliendo nuevas orientaciones sobre cuestiones de religión. No es la menos importante constatar que sin religión no hay una ética segura, sino fluctuante y supuestamente racional, porque a la hora de la verdad los imperativos éticos dependerán de los consensos sociales y no de la dignidad personal del ser humano y de su origen y destino trascendente. Sin una cosmovisión religiosa no hay posibilidad de sostener un sentido duradero de la existencia que no descanse sobre la mera capacidad del sujeto que apuesta por el sentido, pudiendo como puede concluir que “no hay sentido ninguno” para la vida.
Otra de las orientaciones que se hacen lugar en la conciencia de quienes están en todo en la Iglesia y de quienes no lo están tanto, pero se han visto alejados de ella por unos motivos u otros, es la de constatar, ¡por fin!, que las vocaciones al sacerdocio no han venido disminuyendo porque la Iglesia sea incapaz de reformar las condiciones de vida de los sacerdotes, sino por esa falta de “fe religiosa” en la revelación de Dios que paraliza la conciencia de unos y agosta la vida espiritual de otros, los que siguen en la Iglesia como en casa, pero parecen estar más motivados por el espíritu de fuera que por la fe de dentro.
Para que haya vocaciones al sacerdocio es precisa la fe de las personas que forman las comunidades cristianas, la fe en el sentido trascendente de la vida y el respeto ante la existencia sacerdotal de los que están fuera. De la convergencia de ambas cosas surge aquella atmósfera espiritual que permite crecer a las vocaciones cuando surgen, porque Dios sigue llamando. Dios quiere las vocaciones al sacerdocio y las suscita mediante su Espíritu Santo, pero hay que dejar hacer al Espíritu y no “apagar” el encendido de la llama con que prende la pasión sacerdotal en el corazón de los jóvenes.
En Almería tenemos un Seminario “mayor” aceptable. Contamos con vocaciones de jóvenes generosos e ilusionados, una veintena de muchachos que cursan estudios eclesiásticos de filosofía y teología, capaces de dejarlo todo porque su fe en Dios y su intimidad con Cristo les ha hecho ver que Jesús sigue vivo, los ha buscado y los ha encontrado para que se vayan con él a predicar el Evangelio del Padre y a dar a conocer el designio de amor y de felicidad que Dios tiene para el mundo. Como tenemos también una decena de adolescentes, que se están educando en el Seminario “menor”, para incorporarse a los estudios superiores y ser aceptados como candidatos al ministerio sacerdotal. Y aún así, no son suficientes. Llamo a los jóvenes que han escuchado la llamada y sienten la inquietud del seguimiento cercano de Jesús, pero que dudan, para que se decidan a ayudarnos, a ayudarle a él, el Señor que los llama y los atrae a sí. Muchachos, ¿estáis dispuestos a responder que estáis ya listos para seguirle?
+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería |