CARTA

Los medios al servicio de la paz

Queridos diocesanos:

El pasado 11 de abril se cumplían los cuarenta años de la carta encíclica “Pacem in terris” del beato Juan XXIII sobre la paz en el mundo. Con este motivo la Iglesia evoca la doctrina de aquella encíclica que desafiaba, con un puñado de principios morales de valor universal emanados del derecho natural y de propuestas evangélicas, la sorda confrontación entre bloques y la guerra fría que fue resultado de la desconfianza, la sospecha y la voluntad de imposición de uno u otro sistema de ordenación económica y política de la sociedad.

Nadie podrá negar el papel desempeñado por los medios en la confrontación entre sistemas durante años del enfrentamiento total entre bloques que puso al mundo al borde de la guerra mundial. Al llegar ahora la XXXVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, conviene recordar algunos de los principios de aquella encíclica de Juan XXIII, tal como lo ha hecho el Papa Juan Pablo II en el mensaje para la ocasión. Me limito sólo a algunos de verdad significativos.

Es un derecho irrenunciable “buscar la verdad libremente y, dentro de los límites del orden moral y el bien común, manifestar y difundir las propias opiniones” (Pacem in terris, n. 12). La búsqueda de la verdad no pretende la destrucción del adversario, mediante su descalificación moral y el ensañamiento, sino la noble confrontación de ideas y opiniones, a la luz de la realidad de los hechos. Por eso, parece imposible lograr la verdad si no se tiene una declarada voluntad de justicia con las personas y las cosas, inseparable del bien común social de la familia humana (Pacem in terris, n.132).

Estos dos principios formulados por el beato Juan XXIII tienen una actualidad plena, porque son principios determinantes del comportamiento ético y, por eso mismo, tienen un particular valor para los medios de comunicación social. La verdad no se puede contemplar a medias, vinculando al interés económico y político la objetividad de los hechos previamente desfigurados, interpretados con voluntad real de ocultamiento de cuanto en ellos no es coincidente con posturas previamente asumidas y declaradas como correctas por interés.

Como recuerda Juan Pablo II, los medios prestan un valiente servicio a la verdad, pero a veces, presionados por el interés “funcionan como agentes de propaganda y desinformación al servicio de intereses estrechos o de prejuicios de naturaleza nacional, étnica, racial o religiosa, de avidez material o de falsas ideologías de tendencias diversas” (Mensaje, n.3). Por eso, cuando los medios se ven obligados a soportar tales presiones, es deber imprescindible que los profesionales extraordinarios con que cuentan, igual que los técnicos que, con verdadera maestría y dominio técnico, los hacen posibles cada día, opongan resistencia, a la cual se suma por imperativo moral tanto la Iglesia como los grupos responsables de la sociedad.

Nada sirve a la paz como la búsqueda de la verdad en la libertad. Una y otra son condiciones previas de la verdadera paz, que no es producto de la propaganda ni la imposición mediante el poder publicitario de una postura ideológica o política acorde con la estrategia del poder. Por eso dice Juan Pablo II: “Sólo cuando la sociedad tiene libre acceso a una información veraz y suficiente, puede dedicarse a buscar el bien común y respaldar una responsable autoridad pública” (Mensaje, n. 5).

La Iglesia valora los medios como instrumento indispensable para promover la verdad y la libertad, pero reclama un proceder en la justicia, sin la cual es imposible la paz. Hemos podido apreciar el impagable servicio que los medios y, en particular, la televisión han prestado a la Iglesia cubriendo la reciente visita del Papa a España, al mostrar los acontecimientos como son. ¿Cómo no agradecer a los medios su colaboración en hacer ver la verdad de las cosas cuando las dejan aparecer o las muestran como son? La Iglesia, que tanto sufre con la desfiguración de su vida, aun cuando se trata de hechos negativos ocasionales, no puede menos de agradecer a los medios que la den a conocer en su propia verdad y misión.

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almerí