CARTA
“Corpus, fiesta del Señor y día para Caritas”
Queridos diocesanos:
Un año más llega la solemnidad del Corpus Christi, y con ella la ya tradicional jornada nacional de Caridad. Los católicos saben bien que es imposible participar en la mesa del Señor con coherencia creyente sin compartir los propios bienes de la mesa terrena con los necesitados.
Caritas viene realizando una labor social que hoy le reconoce todo el mundo, cuando se mira su actuación benefactora sin prejuicios. Caritas es una institución de la Iglesia Católica a la que los Obispos debemos una particular atención como instrumento de comunión en los bienes que el Señor prepara para todos.
No es ni puede ser Caritas un instrumento para la reforma de la política económica de la sociedad, ni menos un conjunto de actuaciones que pretendieran equipararse a la obra social que cumple realizar a la sociedad civil y a sus organismos. Pero tampoco es un simple paliativo más o menos inspirado por una piedad religiosa evanescente que se desentendiera del orden social.
Caritas es sencillamente un instrumento de acción social de la Iglesia, destinado a paliar, ciertamente, carencias básicas entre los necesitados y los marginados, y quisiera llegar a cuantos no es posible dejar de atender, porque lo exige la dignidad de los seres humanos y las circunstancias en las que se han visto envueltos. Falta de recursos básicos para sobrevivir, de cultura y capacidad para afrontar los propios problemas, falta de salud y acoso de la enfermedad, falta de trabajo y situación familiar angustiosa. Dar de comer, informar, sanar y devolver la dignidad perdida son acciones sociales que la Iglesia protagoniza sin otro interés que servir y manifestar, en el servicio abnegado de cada acción, el amor de Dios por cada ser humano.
Pero Caritas quiere también promover una mentalidad de justicia social que impida que, al menos, se den situaciones que un orden social justo impediría. Justo ahora cuando se han cumplido los cuarenta años de la encíclica Pacem in terris (“Paz en la tierra”) del bienaventurado papa Juan XXIII. La paz es siempre fruto de la justicia y cuando falta la justicia la paz está amenazada. Lo deja meridianamente claro el beato Juan XIII en una encíclica que recordó al mundo que la paz verdadera se levanta sobre el respeto a la dignidad de los seres humanos, y que su inviolabilidad es principio de entendimiento y convivencia entre las personas y los pueblos.
De Caritas no es posible pretender unos servicios y atenciones ciudadanas que corresponden a la sociedad civil, pero Caritas colabora con ilusión con cuantos llevan adelante programas de integración social, a los cuales es preciso aportar la idea regeneradora de fraternidad, sin la cual no se alcanza la razón de ser del amor al prójimo. La acción social de la Iglesia se alimenta de esta idea, porque el Evangelio de Jesús que inspira sus acciones parte de ella, resultado como es de la revelación de Dios, Padre universal de los hombres. Revelación que nos ha llegado por Jesucristo, en su vida y en su muerte y resurrección.
La presencia de Jesucristo en la Eucaristía hasta la consumación del mundo es el recordatorio permanente de esta verdad fundamental de la fe cristiana, porque la Eucaristía revela, descubre y mete por los ojos el alcance del amor de Dios, su filantropía. El pan eucarístico partido y repartido ya no es alimento perecedero sino el Cuerpo de quien se entrega por nosotros. Por la acción del Espíritu Santo Dios nos entrega el alimento básico de esta vida mortal convertido en alimento de vida eterna. Por eso, la Eucaristía, sacramento de la entrega de Jesús por nosotros, denuncia nuestro egoísmo y anuncia el amor que puede redimirlo.
Con mi afecto y bendición.
Almería, a 8 de junio de 2003
Domingo de Pentecostés
+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería |