CARTA

Mensaje de Navidad


Queridos diocesanos:

Gracias a los medios de comunicación me es permitido entrar por unos instantes en vuestros hogares y hacer llegar hasta vosotros la imagen y la voz, vehículo de la palabra y del mensaje que me gustaría fuera acogido por cuantos, por ser miembros de la Iglesia diocesana, sienten el hondo significado de estas fechas navideñas como razón última de su esperanza. y también por todos los ciudadanos de buena voluntad. Una esperanza que “no defrauda” y nadie puede arrebatarnos, porque Dios se ha hecho hombre para que nosotros podamos llegar hasta Dios.

Ha transcurrido un año pastoral, ocupado por entero en un conocimiento más cercano y profundo de la vida de la Iglesia en Almería, en la renovación de las estructuras de la Iglesia que facilite a los sacerdotes el mejor ejercicio del ministerio pastoral, y a los religiosos y religiosas y a los fieles laicos la participación corresponsable en la vida de la Iglesia. Esta participación sólo se logrará si cada bautizado es consciente de su inserción en la comunidad de la Iglesia y se siente llamado a hacer de la vida de la Iglesia vida propia.

Los cristianos han de estar convencidos de que la santidad es la gran vocación universal a la que Dios llama. Durante el transcurso de este año pastoral que termina se ha producido la canonización de san José María Rubio y la beatificación de Dolores Rodríguez Sopeña, dos hijos de la Iglesia de Almería. Una ocasión privilegiada para dar un impulso a la necesaria renovación espiritual de nuestra Iglesia, que está llamada a ser fermento de transformación en la sociedad, para que la vida humana encuentre en el Evangelio de Jesucristo su pauta, pues sólo daremos la medida de humanidad que puede cambiar las circunstancias de nuestra sociedad mediante el cultivo de los valores del espíritu. Durante todo el año las peregrinaciones a las iglesias natales de estos santos, en Dalías y Vélez Rubio, han ayudado a los fieles a revivir la gracia del bautismo haciéndose más conscientes de su misión en el mundo. Esperamos que se incrementen estas peregrinaciones hasta la clausura del año jubilar almeriense.

No me he cansado de insistir en la importancia que tiene para la evangelización de la sociedad la presencia pública de los cristianos en todas las facetas y campos de la vida pública, convencido de que el testimonio público que los cristianos sean capaces de dar del Evangelio de Jesucristo contribuirá a mejorar la convivencia, gracias al alto valor moral de la conducta humana que se desprende de la predicación de Cristo.

La Iglesia Católica no ha dejado de proponer a las naciones el respeto a los derechos humanos y la construcción laboriosa de una paz duradera, marco deseable para la convivencia y despliegue de todas las facultades del ser humano, rico en posibilidades para la creación de un esperanzador futuro de progreso espiritual, sin el cual el progreso material queda sin destino ni objetivo último.

La confrontación bélica en el Irak y la escalada de terror y represión en Tierra Santa han sido causa de honda preocupación para el Papa y los Obispos, que, como pastores del pueblo fiel, no han cesado de repetir que la paz es condición indispensable para el logro de los bienes que pueden ayudar a las sociedades a lograr sus propios objetivos de humanidad y de bienestar. Hemos de esperar razonablemente que las nuevas circunstancias creadas permitan hallar un acuerdo internacional definitivo para sacar de su penosa situación a los países que han padecido la guerra y viven aún bajo el terror. Tampoco entre nosotros ha desaparecido, por desgracia, la lacra execrable del terrorismo.

Quiera el Señor bendecirnos con la paz, don suplicado para el escenario histórico del nacimiento y vida pública del Señor. ¡Cómo deseamos la paz para Tierra Santa! Todos los cristianos del mundo deseamos ver normalizado el flujo de las peregrinaciones y el acceso tranquilo a los lugares santos.

Desearíamos vivamente que se encontrara asimismo una regulación internacional justa de los procesos migratorios en todo el mundo. Mientras esto sucede, hemos de esforzarnos todos por hallar el mejor cauce para dar salida a la emigración que llega a nuestras costas. Somos los primeros en pedir que se respete la ley, pero no podemos menos de solicitar de las autoridades una aplicación generosa de la misma, teniendo en cuenta las tragedias humanas de las que es testigo el Estrecho y nuestras costas. Todos hemos de colaborar en acoger con generosidad a quienes buscan entre nosotros una vida más digna, mientras exhortamos a perseguir legalmente las organizaciones delictivas y aplicar la ley a quienes trafican con los seres humanos.

El nuevo plan pastoral que queremos aplicar en la diócesis busca una mejor tansmisión de la fe y una mayor conciencia de la responsabilidad moral de los cristianos personal y social. Todo ello en un espíritu de acogida y diálogo abierto a todos lo sectores sociales.

Quiera el Niño de Belén, Jesucristo nuestro Señor, bendecir el esfuerzo evangelizador de la Iglesia de Almería y llenar de sus dones a todos los hijos de esta tierra, a las familias, cuya unidad pedimos ante la gruta de Belén como bien preciado para el desarrollo de la paz social; a todos cuantos trabajan por el bienestar de los ciudadanos y sueñan con un mundo mejor. En estas Navidades queremos tener un recuerdo lleno de cercanía y afecto para los enfermos e impedios, ancianos que viven solos y emigrantes que están lejos de sus familias, para todos abandonados, seguros de que el Hijo de Dios, que nace en Belén por nosotros, está cerca de cada uno.

Con todo mi afecto y bendición, quiero desear a todos una feliz Navidad y venturoso Año nuevo.

Almería, a 24 de diciembre de 2003

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería