CARTA

CINCUENTA AÑOS DEL SEMINARIO DIOCESANO

 

Queridos diocesanos:

Hace unos días, ante el próximo día del Seminario, cuando cumple cincuenta años de existencia el edificio nuevo que alberga a los seminaristas, decía a los sacerdotes:“Se llega la campaña y día del Seminario. Apenas falta un mes para que la solemnidad de san José invite a todos los diocesanos a volver los ojos hacia el santo Patrón de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales para implorar de él la gracia de contar con ministros que proclamen la palabra de Dios, repartan la gracia de los sacramentos y pastoreen la grey del Señor con amorosa entrega, porque, en verdad, “hay más alegría en dar que en recibir” (Hech 20, 35)”.

Esta frase es el lema de la campaña pro Seminario de este año y recoge palabras del mismo Jesús que nos han sido transmitidas en el libro de los Hechos. Palabras que son fiel reflejo de la conducta del Señor, a quien san Pablo pide que los cristianos imiten, pues “siendo de condición divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo” (Fil 2,6-7).

Cristo revela en su entrega por nosotros la caridad de Dios Padre. Por eso, los seguidores de Jesús han de ser imitadores de Dios. Lo han de ser en alto grado, en la medida en que así lo permite nuestra debilidad, los llamados por Jesús a seguirle como ministros del Evangelio, los sacerdotes. Los seminaristas se preparan para el ministerio sacerdotal y han de aprender esta imitación de Cristo y de Dios. Pero, para recorrer el largo camino del discipulado del Señor e identificación con él requieren nuestra ayuda.

Primero la ayuda para dejarse interpelar por Jesús y seguirle. Es la primera de las ayudas que podemos prestar a muchachos y jóvenes a los que el Señor llama. A los sacerdotes les decía:

“Los jóvenes esperan de vosotros la invitación a seguir a Cristo”. Y lo esperan también de vosotros, religiosos y religiosas, queridos fieles laicos. A veces las familias tiran de los hijos de tal forma que se les hace inviable seguir la llamada de Cristo, dar cauce a la propia vocación sacerdotal. Sin religiosos y religiosas, sin personas consagradas, la Iglesia estaría privada de sus grandes dones. Sin la vida familiar, comunión de personas en el amor, ¿cómo comprenderíamos el misterio de la Iglesia que es comunión y familia de los hijos de Dios? Sin sacerdotes, ¿cómo podría hacerse presente el Señor en aquella forma singular y propia , querida por él, en que sólo los sacerdotes le representan al ejercer el ministerio sacerdotal y cargar sobre sí el cuidado pastoral del pueblo de Dios?

El Seminario diocesano es, con razón y sin tópicos, el corazón de una diócesis. Su realidad material y espiritual es acicate para todos, sacerdotes y fieles, porque reclama de todos caer en la cuenta de que los ministros de la Iglesia son una empresa de educación humana, cristiana y sacerdotal que requiere mucho empeño y no pocos cuidados.

El edificio de la carretera de Níjar fue inaugurado por Mons. Alfonso Ródenas García en 1953 para sustituir el antiguo caserón de la Plaza de la Catedral. Construido con la precariedad de los años cincuenta, el edificio ha cumplido su servicio durante medio siglo de existencia, que esperamos ver prolongados por otros tantos.

Para hacer memoria de la empresa abordada con tanto entusiasmo en los años cincuenta, el Seminario ha editado un cartel con el medallón del cincuentenario y un breve folleto conmemorativo de la efeméride del cincuentenario. Lleva por título Cincuenta años de un edificio. La historia reciente del nuevo Seminario de Almería (1953-2003), y recoge una sencilla guía de los acontecimientos que acompañaron la construcción del nuevo Seminario de la Carretera de Níjar y una serie de ilustraciones llenas de interés.” Hoy aquel que fuera otrora nuevo edificio del Seminario es una construcción vieja, débil y necesitada de rehabilitación y profundas modificaciones, para que pueda seguir cumpliendo con su servicio.

Como es natural, esta rehabilitación requiere un esfuerzo económico por parte de la diócesis. Estoy convencido de que es una causa de obligada necesidad y a ella han de subvenir todos los diocesanos, para que pueda cumplir con su función propia al servicio de la formación de los pastores de nuestras comunidades parroquiales según la mente de la Iglesia. Por eso quiero recabar de toda la diócesis la colaboración económica que a cada comunidad parroquial y religiosa le sea posible.

No hemos de escatimar nada en la ayuda que hemos de prestar al Seminario. No todos tienen las mismas posibilidades, pero todos los católicos hemos de contribuir a la rehabilitación del Seminario con la mejor voluntad. Una ocasión especialmente propicia es la “Campaña pro Seminario 2004” .

 

Almería, 14 de marzo de 2004.

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería