CARTA
Un monumento para la Inmaculada en la Ciudad de Almería
Carta del Obispo a los diocesanos
El Papa Pío IX, en la Bula Ineffabilis Deus, del 8 de diciembre de 1854 definió solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción de María con estas palabras:
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles" (Dz. 1641).
Esta verdad de fe fue siempre intuida y tenida por creencia firme de la Iglesia por los fieles, dando origen desde la Edad Media a un debate teológico que duró siglos y constituyó criterio de identidad para individuos y comunidades que hicieron de la defensa de esta verdad pasión, tarea y fervor, recibiendo de la gracia divina aliento para múltiples empresas apostólicas y espirituales.
La repercusión de la fe en este privilegio de la Madre del Redentor alcanzaría a lo largo de los siglos tan honda repercusión en la sociedad católica que las Universidades llegaron a hacer del juramento de la Inmaculada timbre de honor de la corporación de sus claustros. Los artistas prestaron su talento a la plasmación de esta verdad de fe dando cauce al riquísimo patrimonio plástico que desde los siglos XVI y XVII ubica la imagen de la Inmaculada en los retablos de iglesias y ermitas, siendo innumerables las tallas y pinturas que han hecho de la representación de la Inmaculada referencia de la piedad mariana del pueblo fiel.
Pintores, entre los que destaca la obra de Alonso Cano y Bartolomé Esteban Murillo, sin que ahora hayamos de comentar la obra pictórica de tantos artistas inspirados por la piedad inmaculista, y poetas de uno u otro signo y generación, pero todos ellos unidos por la misma piedad, han contribuido en grado tal a la configuración del patrimonio cultural de España, y de forma tan propia de Andalucía, llamada con toda justicia tierra de María Santísima, que forzoso es reconocer que la Inmaculada está en la entraña de la vida histórica espiritual de la cultura de nuestro país.
Por todo ello, al acercarse ahora la celebración del 150º aniversario de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de Jesucristo nuestro Señor y verdadera Madre de Dios para la fe cristiana de todos los tiempos, contemplando los monumentos que en las ciudades de España y particularmente en las ciudades andaluzas se han levantado en homenaje a la Inmaculada Virgen María, quiero pedir a las parroquias, a los religiosos y religiosas, a las asociaciones de fieles, hermandades y cofradías, movimientos y comunidades cristianas, secunden nuestro propósito de que también en Almería se levante un digno monumento, por iniciativa ciudadana, a la Inmaculada, solicitando de las autoridades municipales se lleve a cabo dentro del año mariano de la Inmaculada que con motivo del aniversario la Conferencia Episcopal Española declarará desde el 8 de diciembre de 2004 al 8 de diciembre de 2005.
Para lograr este propósito es necesario que se recojan las firmas oportunas dentro de unas y otras instituciones, corporaciones y agrupaciones católicas de diverso género en toda la diócesis, haciéndolas llegar al Obispado de Almería, dirigidas al Vicario episcopal de la Ciudad todas aquellas entregas que procedan de la propia ciudad de Almería; o bien al Vicario General, si las entregas proceden del resto de la diócesis. Todas estas firmas serán presentadas en su momento al Ilmo. Sr. Alcalde de la Ciudad en condición de Presidente de la Corporación municipal almeriense. El plazo de recogida de firmas queda abierto desde este mismo momento y terminará el próximo día 7 de diciembre de este de 2004, víspera de la solemnidad de la Inmaculada.
Pongo esta iniciativa en manos de la Santísima Virgen, con el ruego de que por su medio crezca la fe en el misterio de la redención y la evangelización se pueda llevar a cabo en las nuevas circunstancias de la sociedad con plena libertad y dedicación al servicio de todos, promoviendo la convivencia social fundada sobre la dignidad de la persona. Si el cristianismo ha inspirado tan hondamente nuestra historia y cultura, este monumento servirá a su prolongación en el tiempo como referencia de las nuevas generaciones, que confiamos asimismo a la protección de María.
Con mi afecto y bendición para todos.
Almería, a 30 de mayo de 2004
+ Adolfo González Montes |