CARTA

La unidad inaplazable de la Iglesia
Carta a los diocesanos

Queridos diocesanos:

Este año el lema de la semana de oración u octavario por la unidad de los cristianos suena con una lógica imposible de rechazar por ninguno de los bautizados: “Cristo fundamento único de la Iglesia”. No hay ningún otro. Quizá nos hemos comportado unos y otros dando la impresión de que en lugar del fundamento único que es Cristo poníamos otro: la Iglesia, el papa, la Sagrada Escritura, el dogma de la justificación por la fe, el pueblo de Dios en su soberana condición de iguales y otros más.

Estoy seguro de que ninguna de las Iglesias cristianas lo quería así, pero al afirmar unos u otros elementos hemos debido hacerlo de forma tal que los que no estaban de acuerdo con lo que afirmábamos se sentían ajenos a “nuestra Iglesia”, eran de “la otra” u “otras iglesias”.

Gracias a Dios, el diálogo de la caridad ha abierto el corazón de todos los cristianos de nuestro tiempo a un cada vez más explícito reconocimiento de la condición de cristianos que tienen los otros que de verdad lo son, bautizados en el nombre de la santa Trinidad. Ha habido que vencer dificultades y madurar en la paciencia, pero los resultados hoy son visibles.

El diálogo doctrinal ha avanzado de forma extraordinaria durante la segunda mitad del siglo que pasó. Todos creemos hoy que sólo hay una Iglesia de Jesucristo y que esta Iglesia está de diversos modos presente en las iglesias históricas. Unos y otros reivindicamos que esa Iglesia está presente en la nuestra, y los católicos creemos que la plenitud de la Iglesia está en la Iglesia Católica sin excluir su presencia en las que llamamos “Iglesias hermanas” como son las Iglesias orientales y ortodoxas. No dejamos de ver presente y operativa la Iglesia única de Cristo en las Iglesias y comunidades eclesiales surgidas de la Reforma protestante y deseamos llegar a un acuerdo pleno con ellas sobre los elementos esenciales de la Iglesia, que son garantía de la presencia en plenitud de la única santa Iglesia de Cristo.

Confesamos con humildad que la ruptura entre los cristianos contradice la voluntad de Cristo, y sabemos por él que la fe del mundo depende también de que nosotros estemos unidos. Nadie como nosotros sabe que una falacia llena de insidia anticristiana pretende separar a Cristo de las Iglesias, porque la presencia de Cristo en la Iglesia y su identificación con ella tiene la garantía de su palabra. Por eso sentimos hondamente los cristianos la necesidad y urgencia de aunar nuestras fuerzas para dar testimonio de Cristo de forma concorde y afrontar la misión evangelizadora de un mundo que se aleja de la Iglesia y corre el riesgo de una inmensa orfandad de Dios. ¡Qué difícil hallar a Cristo si no se le busca en la Iglesia! ¡Qué difícil empresa y qué quimera buscar la vida de Dios que llega por Cristo alejándose del cuerpo místico de la Cabeza!

Sin Iglesia, ¿quién predicará a Cristo como Hijo de Dios y rostro visible del Dios invisible? ¿Quién dará testimonio de su resurrección? El Espíritu Santo y nosotros, aun llenos de pecado y de miserias humanas damos testimonio de que Cristo es el fundamento único de la Iglesia, porque sólo Cristo es el camino, la verdad y la vida, y a Dios se va por él. Otros hombres, fundadores de religiones, y otros que fueron profetas han abierto caminos hacia Dios, pero nosotros hemos conocido que Cristo es “el camino” que hay que transitar para llegar a Dios porque por la fe sabemos que “en él habita la plenitud de la divinidad”.

Los cristianos lo creemos así y lo decimos a todos, sin renunciar a aunar fuerzas con otros creyentes, pero sobre todo convencidos de que la unión de fuerzas entre nosotros es voluntad de Cristo y sigue siendo tarea y cometido de cada día. El ecumenismo cristiano no debe confundirse con el deseable diálogo entre las religiones. Son dos foros de diálogo diversos y ambos sirven a la causa de Dios, que es la causa verdadera del hombre. El diálogo entre las Iglesias cristianas tiene un objetivo y no otro: su unidad en Cristo, único fundamento de la fe de todos bautizados.

Con mi afecto y bendición.

+ ADOLFO GONZÁLEZ MONTES OBISPO DE ALMERÍA
ALMERÍA 23 DE ENERO DE 2005