Los estudios eclesiásticos, sin perder su carácter rigurosamente científico, tienden por la finalidad propia del Seminario a que la fe de los futuros presbíteros se desarrolle en dos vertientes: de vivencia íntima (contemplación y progresiva incorporación al misterio de Cristo) y de proyección apostólica (testimonio, acción intraeclesial, misión evangelizadora entre los alejados y no creyentes y presencia sacramental en medio del mundo).

Objetivos de la formación intelectual

La índole pastoral que han de tener los estudios del flituro sacerdote exige que éstos, y particularmente la Teología, se orienten a preparar pastores para nuestro tiempo, capacitándolos para el ejercicio del ministerio presbiteral. Su formación intelectual atenderá, por tanto, a la vivencia personal del Misterio de la Salvación y, simultáneamente, a la capacitación doctrinal indispensable para afrontar hoy la flinción de ministro de la Palabra en la Iglesia y al servicio de la evangelización en el mundo.

El estudio de la Teología pide que se desarrollen todos los temas esenciales del contenido de la Revelación para que el seminarista pueda llegar a obtener una visión completa y sistemática de la misma. La atención a las dimensiones de totalidad y síntesis del estudio de la Palabra revelada, tal y como es presentada por el Magisterio de la Iglesia, debe prevalecer sobre la dedicación a temas monográficos o a ensayos teológicos.

La formación teológica de los candidatos al sacerdocio ministerial exige fidelidad al hombre histórico y concreto a quien se ofrece el Evangelio como Palabra de Salvación. Para ello, los seminaristas deberán familiarizarse con el lenguaje, la cultura, los problemas y planteamientos de la sociedad en la que viven.

El estudio de la Filosofia y de las Ciencias Humanas y la formación de un pensamiento crítico son condiciones indispensables en la formación intelectual de los flituros sacerdotes que han de estar capacitados para dar razón de la fe de la Iglesia en el contexto contemporáneo y para responder dialogalmente a las cuestiones que se presentan a la fe cristiana desde la crítica contemporánea o desde la increencia.

Esto supone una sólida formación en los métodos propios de cada disciplina y una continua atención a los interrogantes y modos de pensamiento del mundo contemporáneo.

La formación intelectual de los futuros presbíteros debe desarrollarse hoy en un contexto que la marca proflindamente como:

  • el del ecumenismo;
  • el de las religiones no cristianas;
  • el de la secularización de la cultura, de los agnosticismos e increencias;
  • el de las ciencias positivas;
  • el de las grandes cuestiones que afectan a la humanidad, como la paz, la justicia, el subdesarrollo, la libertad.


Es el marco complejo del mundo actual dentro del cual debe reflexionar la teología, sin miedos ni presunciones, superando la vieja y dolorosa separación entre la fe y la cultura, entre la Iglesia y la sociedad.

Deberá promoverse un tipo de formación en perspectiva de educación permanente. Esto exige proporcionar a los seminaristas métodos e instrumentos de trabajo y de actualización constante. Así aprenderán a capacitarse creadoramente por sí mismos y de cara al futuro.

Medios para la formación intelectual

La formación intelectual reclama una seria dedicación que debe centrar la atención y el tiempo del alumno durante sus años de formación. La dedicación al estudio constituye el trabajo específico que los seminaristas deben realizar durante los años de su preparación al ministerio como respuesta generosa y consciente a la comunidad diocesana que les facilita los medios necesarios para ello y con la responsabilidad de quienes pretenden dedicar su vida al servicio del Evangelio. Es insustituible un ambiente de estudio sereno y reposado, que no esté presionado por el funcionalismo ni apremiado por lo más inmediato. Por eso se ha de evitar la tentación de conceder dedicación absorbente a otras ocupaciones de apariencia más pastoral abandonando una de las vertientes más flindamentales de su compromiso vocacional: la seria entrega a su capacitación teológica. Tan negativo es para el flituro pastor el reduccionismo de su vida al solo estudio como la evasión en múltiples ocupaciones que le distraen de su trabajo primordial.

Simultanear los estudios teológicos con otros de carácter civil es un riesgo para la formación teológica de los que se preparan para el sacerdocio. Cuando algún alumno tenga cualidades y su capacitación en estudios civiles sea necesaria para el servicio de la comunidad diocesana, podrá realizar esos estudios, de acuerdo con el Obispo, una vez concluido el ciclo institucional.

Un elemento de especial importancia en la formación intelectual de los alumnos es la acción magistral de los profesores, con quienes los alumnos mantendrán una estrecha relación que los oriente en los saberes necesarios y en la investigación teológica. Las clases, momento en el que el profesor ejerce una función de docencia necesaria, deben ser, además, un encuentro comunitario en el que, bajo la autorizada orientación del profesor, con clima de participación activa, profesores y alumnos se enriquecen en un diálogo que impulsa el avance de todos en la proflindización de la verdad. Igualmente el diálogo personal entre profesores y alumnos, fuera de la misma clase, supone un enriquecimiento en la proflindización académica a la vez que facilitará a los profesores un conocimiento directo del progreso y de las dificultades de cada alumno y del conjunto del grupo.