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INTRODUCCIÓN El carácter singular del ministerio presbiteral y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia, exigen, en quienes han sido llamados a él por el Señor, una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias este misterio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación.
Las profundas mutaciones operadas en nuestro mundo y en el seno de la sociedad española, colocan a la Iglesia y sus instituciones ante una nueva situación. El nuevo contexto sociopolítico, el pluralismo cultural y fenómenos como la aconfesionalidad del Estado y la secularización, entre otros presentan nuevas exigencias que reclaman lucidez para configurar las instituciones y los medios de formación de los futuros presbíteros. EL SEMINARIO MAYOR El Seminario Mayor constituye un comunidad humana, eclesial, diocesana,
educativa, a la que el Obispo, según las normas de la Iglesia, confia la tarea de formar
a los fUturos sacerdotes seculares diocesanos.
LA FORMACIÓN DE PASTORES La formación de pastor es, por tanto, la finalidad y el objetivo flindamental de los Seminarios Mayores. Las diversas dimensiones de la formación, humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria, incluso la disciplina y la metodología educativa de la comunidad del Seminario, han de ordenarse conjuntamente a este fin pastoral. En la formación de los futuros pastores, el Seminario ha de prestar atención y fidelidad a la identidad del presbítero tal y como se deduce del Nuevo Testamento, ha sido confirmada por la Tradición de la Iglesia, descrita por el Concilio Vaticano II y desarrollada por posteriores Documentos del Magisterio. A la luz de estas fuentes el Seminario está llamado a proflindizar en la realidad permanente del sacerdocio ministerial y a buscar con radical sinceridad lo que la Iglesia y el mundo piden al ministerio presbiteral en el momento presente. LA FORMACION ESPIRITUAL Objetivos de la formación espiritual La fe y el bautismo incorporan a Cristo y a su Iglesia. Una vez completada la iniciación cristiana con los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía, la vivencia de la gracia bautismal prepara y capacita al seminarista para responder a la vocación y a la misión presbiteral. Es importante, por ello, que en el proceso de formación espiritual, el seminarista vaya creciendo en su gracia bautismal hacia la perfección, de modo que vaya adquiriendo las virtudes y hábitos propios de la vida presbiteral. Entre los jóvenes que solicitan incorporarse al Seminario, no todos presentan el mismo grado de madurez en la fe y en la vocación. Es responsabilidad del Seminario y en particular de los formadores ayudar a decantar y esclarecer en el proceso de formación estas situaciones personales a fin de favorecer el crecimiento en la fe y en la vocación sacerdotal. La formación espiritual del Seminario tiene una finalidad específica: cultivar la espiritualidad del presbítero diocesano secular. Es necesario que haya una formulación clara de esta espiritualidad en el proceso de formación espiritual de los seminaristas. El Seminario iniciará y capacitará al seminarista para vivir la espiritualidad de presbítero diocesano secular. El cultivo de esta espiritualidad garantiza la coherencia y unidad en la formación espiritual del seminarista. Ante las diversas espiritualidades que existen en la Iglesia, el seminarista habrá de cultivar la que le es propia, pudiendo incorporar otros elementos que, efectivamente, supongan un enriquecimiento personal en su formación como flituro presbítero diocesano secular. Es responsabilidad del Seminario discernir y dar cohesión a las aportaciones que puedan provenir desde otro tipo de espiritualidades. “La formación espiritual ha de darse de forma que los seminaristas aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu”. Es imprescindible que el seminarista viva con gratuidad y confianza la fe en Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Es un indicador de madurez cristiana que las decisiones importantes sean iluminadas por la voluntad de Dios y que afronten los momentos de dificultad, desánimo e incluso hostilidad con la firme esperanza de que el Padre nunca abandona del todo a sus hijos. La Virgen María ha de ocupar en la espiritualidad del futuro presbítero la importancia que demanda nuestra fe. La Iglesia siempre la ha encontrado en todas las ocasiones en que trataba de descubrir a Cristo. “La devoción a la Virgen puede y debe ser una garantía frente a todo lo que tendiera hoy a cortar las raíces históricas del Misterio de Cristo”. En cualquier caso, el culto a María no significa añadir una nota de piedad sentimental a la formación espiritual del Seminario o caer “en una yana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes”. La formación del futuro presbítero, como sacerdote secular requiere unas condiciones de vida que permitan un amplio conocimientode la sociedad concreta a la que tendrá que servir y una atención peculiar a los problemas actuales del mundo y de la Iglesia. El celibato por el Reino de los Cielos tiene una significación cristológica, eclesiológica y escatológica que es preciso asimilar en la formación espiritual. Por el celibato “los presbíteros se consagran de nueva y excelente manera a Cristo, se unen más fácilmente a El con corazón indiviso, se entregan más libremente en El y por El, al servicio de Dios y de los Hombres”. Se convierte en señal y estímulo de caridad, esto es, “signo de un amor sin reservas” que capacita al célibe consagrado para hacerse “todo a todos en su ministerio sacerdotal”. |