El Seminario Menor de la Inmaculada es un centro erigido por la diócesis de Almería para realizar su misión evangelizadora a través de la educación y para cultivar, de manera especial, las vocaciones al ministerio sacerdotal . Esta orientación particular del Centro no significa que una inicial vocación al sacerdocio sea condición indispensable para el ingreso ni que aquellos que no manifiesten esa inclinación reciban una atención menor, sino que el colegio tiene como finalidad primordial la educación de niños y adolescentes que tienen una inquietud vocacional.

En coherencia con su identidad cristiana y su finalidad primordial, la actividad educativa del Centro tiene como destinatarios fundamentales a los alumnos: que cada uno descubra la vida como vocación, como camino para alcanzar su realización personal.

Educar es suscitar un hombre, promover una persona. Los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos. Nuestro colegio quiere ser una estructura educativa, que coopere con las familias a una tarea originalmente suya. Asume, pues, pero no lo reduce, el deber de instruir. Esa promoción de la persona genera hombres libres y responsables, civil y profesionalmente preparados, capaces de construir un mundo sobre la verdad y el amor, y nuevos ministros con capacidad de anunciar gozosamente la vida nueva en Cristo.

Como consecuencia de las dos definiciones básicas que preceden, los presupuestos de los que parte el centro se explicitan del siguiente modo:

1. El hombre es un ser constitutivamente abierto a Dios, hasta el punto que no puede comprenderse a sí mismo y a la realidad si prescinde de esa dimensión religiosa. Esta dimensión religiosa del hombre no es una junto a las demás sino que impregna toda la experiencia humana.

2. Para que esto sea una realidad es preciso que la formación integral del hombre como finalidad de la educación incluya el desarrollo de todas las facultades humanas, su preparación para la vida profesional, la formación de su sentido ético y social, su apertura a la trascendencia y su educación religiosa, de tal manera que se formen “personalidades fuertes y responsables, capaces de hacer opciones libres y justas” en diálogo con todo el contexto social. Así se preparan los jóvenes para “abrirse progresivamente a la realidad y formarse una determinada concepción de la vida”.

3. La persona es íntimamente libre. No pertenece ni al estado ni a ningún otro grupo humano. Una educación que parte de la dimensión religiosa, como propuesta educativa, no sólo respeta la libertad del alumno, sino que la promueve y la estimula.

4. De este modo, el Seminario Menor debe ser un lugar pedagógico fuerte en el sentido de que tiene una clara propuesta pedagógica y un camino educativo. A esta necesidad responde un itinerario pedagógico-vocacional, como “viaje orientado hacia la madurez de la fe, como una peregrinación hacia el estado adulto del creyente, llamado a disponer de sí mismo y de la propia vida con libertad y responsabilidad, según la verdad del misterioso proyecto pensado por Dios para él”.

Para nosotros el acontecimiento principal de la historia es la unión de Dios con el hombre en Jesucristo, tal como se proclama en la fe de la Iglesia. Jesucristo nos da una perspectiva determinada del origen y destino del hombre, de su dignidad y de su misión en el trabajó, en la familia y en la sociedad. La labor educativa de nuestro centro parte de esta certeza, don de Dios a su Iglesia.

Precisamente porque este hecho hace referencia al sentido de la vida humana y, a través de ella, a toda la realidad, su presencia no se limita a la clase de religión o a las actividades religiosas del centro. De esta manera también las disciplinas particulares y las demás actividades educativas del centro son rescatadas de su abstracción y parcialidad, superando la fragmentación e insuficiencia de los distintos programas.

Por tanto, un objetivo fundamental del colegio ha de ser el ordenamiento de toda la cultura al anuncio de la salvación según las indicaciones del Concilio, es decir, la "síntesis de fe y cultura, necesaria para la madurez del creyente” "una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido recibida plenamente, ni pensada enteramente, ni vivida fielmente".

Este ofrecimiento no puede hacerse de modo frío y desde un punto de vista meramente teórico, sino como una realidad vital que merece la adhesión al ser entero del hombre para hacer de ella vida propia.

FINES DEL SEMINARIO MENOR

  • Proporcionar a quienes manifiestan indicios de vocación al sacerdocio una formación adecuada.

  • Acompañar a sus alumnos con los medios necesarios para su maduración educativa en el crecimiento humano, cristiano y específicamente vocacional.

  • Ayudarles a que puedan hacer progresivamente un serio discernimiento en su vocación.

  • Formar jóvenes idóneos para que aquellos que descubran la llamada puedan entrar responsablemente en el Seminario Mayor.